sábado, 26 de marzo de 2011

Romance del juramento que tomó el Cid al rey don Alonso

En santa Águeda de Burgos,  do juran los hijosdalgo,
le toman jura a Alfonso  por la muerte de su hermano;
tomábasela el buen Cid,  ese buen Cid castellano,
sobre un cerrojo de hierro  y una ballesta de palo
y con unos evangelios  y un crucifijo en la mano.
Las palabras son tan fuertes  que al buen rey ponen espanto;
-Villanos te maten, Alonso,  villanos, que no hidalgos,
de las Asturias de Oviedo,  que no sean castellanos;
mátente con aguijadas,  no con lanzas ni con dardos;
con cuchillos cachicuernos,  no con puñales dorados;
abarcas traigan calzadas,  que no zapatos con lazo;
capas traigan aguaderas,  no de contray ni frisado;
con camisones de estopa,  no de holanda ni labrados;
caballeros vengan en burras,  que no en mulas ni en caballos;
frenos traigan de cordel,  que no cueros fogueados.
Mátente por las aradas,  que no en villas ni en poblado,
sáquente el corazón  por el siniestro costado;
si no dijeres la verdad  de lo que te fuere preguntando,
si fuiste, o consentiste  en la muerte de tu hermano.
Las juras eran tan fuertes  que el rey no las ha otorgado.
Allí habló un caballero  que del rey es más privado:
-Haced la jura, buen rey,  no tengáis de eso cuidado,
que nunca fue rey traidor,  ni papa descomulgado.
Jurado había el rey  que en tal nunca se ha hallado;
pero allí hablara el rey  malamente y enojado:
-Muy mal me conjuras, Cid,  Cid, muy mal me has conjurado,
mas hoy me tomas la jura,  mañana me besarás la mano.
-Por besar mano de rey  no me tengo por honrado,
porque la besó mi padre  me tengo por afrentado.
-Vete de mis tierras, Cid,  mal caballero probado,
y no vengas más a ellas  dende este día en un año.
-Pláceme, dijo el buen Cid,  pláceme, dijo, de grado,
por ser la primera cosa  que mandas en tu reinado.
Tú me destierras por uno,  yo me destierro por cuatro.
Ya se parte el buen Cid,  sin al rey besar la mano,
con trescientos caballeros,  todos eran hijosdalgo;
todos son hombres mancebos,  ninguno no había cano;
todos llevan lanza en puño  y el hierro acicalado,
y llevan sendas adargas  con borlas de colorado.
Mas no le faltó al buen Cid  adonde asentar su campo.




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